Contextualizando el fallido golpe de Estado en Turquía

Por @AlfredoDLaCruz

Al inicio de la guerra civil en la República Árabe de Siria, la República de Turquía se situó al lado de quienes se rebelaron en contra del gobierno del presidente Bashar al Assad, disponiendo su territorio para base de entrenamiento de las milicias rebeldes a las cuales Ankara armó y financió, aumentando las tensiones con Rusia e Irán. Según se problematizaba el conflicto el apoyo de Erdogan fue cambiando, ya que Estado Islámico crecía no solo en Siria, sino también dentro de Turquía, algo que Erdogan no se podía permitir. Sumándose también la presión de Estados Unidos para que Ankara se adhiriera a la Coalición Internacional contra Estado Islámico y le permitiera utilizar las bases militares turca para combatir a la agrupación islamita.

Desde hace décadas Turquía ha enfrentado las aspiraciones nacionalistas de los kurdos turcos, y desde el año 1984 encara al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que el presidente Recep Tayyip Erdogan, a pesar del acuerdo de alto al fuego, volvió a ver como enemigo a batir, para cobijarse con la bandera del nacionalismo y poder recuperar el apoyo popular que había perdido. Una estrategia que le ayudó a obtener la mayoría absoluta en el legislativo turco en noviembre de 2015.

En pleno desarrollo de la guerra civil siria, estalló en el 2012 la revuelta armada en el territorio kurdo de Siria. Sin embargo, los kurdos sirios no han podido avanzar, debido a que Turquía aspira a que la mayoría sunita de siria tome el poder en Damasco, alineados con Ankara en contra de Teherán, por esto son los más interesados en ver al régimen de Bashar al Assad caer. De manera que no le interesa que los kurdos sirios sean independientes y fuertes pues podrían servir de plataforma nacional en el futuro o de refugio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

En relación a los kurdos, Estados Unidos y Turquía han estado situados en posiciones enfrentadas, dados sus visiones diferentes del conflicto sirio. Para Erdogan la guerra civil siria, en lo que respecta al combate a Estado Islámico, fortalecía a los kurdos sirios y a los kurdos de Irak y él no podía permitir que dicho fortalecimiento llegara a los kurdos turcos. Mientras que para Washington el combate a Estado Islámico se basaba precisamente en su pacto con los kurdos turcos y sirios, puesto que las más importantes victorias conseguidas contra el grupo yihadista las habían logrados éstos. De manera que en su relato Washington entendía que debía continuar entrenándolos y armándolos algo rechazado de plano por Ankara.

Es así que antes de aceptar cooperar con Washington en su estrategia contra Estado Islámico, el presidente Recep Tayyip Erdogan condicionó al presidente Barack Hussein Obama a que se le permitiera seguir atacando a los kurdos tanto en Irak como en Siria. Recién el verano pasado, accedió Ankara a bombardear las bases de Estado Islámico, a realizar numerosas redadas en sus territorios arrestando a cientos de personas, acusadas de pertenecer a dicha organización, así como a una colaboración estrecha que permitía a Washington el uso de la base militar de Incirlik.

Ante esta realidad, Rusia intervino directamente con sus Fuerzas Armadas en Siria, en apoyo del aliado de Moscú el presidente sirio Bashar al Assad, evidenciando que estaba dispuesta a atacar a cualquiera que lo enfrentara, lo que incluía a los grupos rebeldes apoyados por Turquía. Luego del derribo de un avión ruso por su fuerza aérea, Moscú impuso sanciones económicas y comerciales a Turquía, intensificó los ataques contra los grupos rebeldes que apoya éste país, desplegó defensas antiaéreas y amenazó con derribar cualquier avión turco que penetrara al espacio aéreo de Siria. Pero donde el presidente ruso Vladímir Vladímirovich Putin golpeó a Erdogan por la parte más dolorosa fue con su acercamiento a los kurdos, exigiendo su presencia en la mesa de negociaciones sobre Siria a principios de este año y dando apertura a una oficina para asuntos de los kurdos sirios en Moscú.

Luego de roto el alto al fuego entre el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y Ankara el 25 de julio de 2015, los kurdos han estado atacando objetivos militares y civiles en decenas de atentados. Por su parte Estado Islámico ha efectuado también diversos ataques en Turquía, lo que ha ocasionado cientos de muertos y heridos, principalmente población civil. Uno de éstos ataques fue el ocurrido el martes 28 de junio de éste año en el Aeropuerto Atatürk, principal aeropuerto internacional de Estambul. Lo que ha generalizado un sentimiento de vulnerabilidad en la ciudadanía turca que provoca un descontento por la manera en que se ha manejado la política en el país.

De manera que el constante empeño de Erdogan de involucrarse más y más en la guerra civil siria ha llevado, además de a una buena parte de la sociedad, también a una parte de los militares, a manifestar su rechazo a las decisiones del presidente Erdogan. A todo esto se suma la creciente oposición y la baja en la popularidad, motivado en las acciones políticas ejecutadas  por Erdogan para concentrar poder en torno a él y su figura, desde que era primer ministro y luego de la instauración del régimen presidencial. A la impopularidad también se han sumado una cantidad de enemigos políticos dentro de su propio partido, entre los que destaca Fethullah Gülen.

Gülen un intelectual, teólogo, islamita moderado y millonario a quien ven con buenos ojos tanto el Vaticano como Israel. Fundador del Movimiento Gülen (Hizmet) y que fue aliado de Erdogan, relación quebrada en 2013, cuando siendo Erdogan primer ministro acusó a Gülen de promover unas investigaciones por corrupción que afectaron a su Ejecutivo. Desde 1999 vive autoexiliado en Estados Unidos. Su movimiento ha logrado potenciarse entre el poder judicial y las fuerzas de seguridad y militares turcas. El presidente Erdogan le acusa de haber orquestado el golpe de Estado fallido y emplaza a Estados Unidos a realizar su extradición. Gülen por su parte, condena enérgicamente el intento de golpe y niega su participación en el mismo.

Ciertamente los últimos atentados de Estado Islámico y los militantes kurdos han erosionado su base de apoyo y Erdogan pierde popularidad. Tal vez el principal error de los golpistas fue asumir que todos los disgustados apoyarían ipso facto un golpe de Estado. Por eso es que cuando el golpe se puso en marcha, le bastó a Erdogan y sus aliados llamar a la gente a salir a las calles, con lo cual éste pudo exhibir músculos. Pues a pesar de la disminución señalada, Erdogan sigue contando con un gran apoyo, que en las elecciones de noviembre del 2015 le llevó a acariciar casi el 50% de las votaciones.  

Sin embargo hay que considerar la cantidad importante de unidades que los rebeldes lograron aglutinar, lo que muestra que una parte de los mandos medios y por qué no altos, estaban muy dispuestos a continuar con los planes. También controlaron durante varias horas importantes infraestructuras críticas del Estado turco y el mismo presidente Erdogan confesó que los golpistas por poco terminan con su vida, algo que pudo haber cambiado el escenario. Se puede observar que todos los riesgos asociados a este golpe fueron ignorados por los organismos de inteligencia.

El presidente Recep Tayyip Erdogan va a aprovechar el fallido intento de golpe para afianzar el poder sobre su persona, algo sobre lo cual ya estaba trabajando y sin lugar a dudas va a tomar ventajas profundizándolo. Las purgas ya empezaron, Erdogan ha declarado el Estado de emergencia por los próximos tres meses, una medida que podría intensificar la represión. Se ha encarcelado cerca de 10 mil personas y han sido despedidos o suspendidos aproximadamente 60 mil trabajadores en estos últimos días. Todo esto ha de servir, entre otras, para mostrar cuán importante es supervisar los sistemas de inteligencia y de seguridad para detectar a tiempo las fallas y los huecos que en el caso de la República de Turquía pasaron desapercibidos. 

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