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La sociedad política como elemento separador del Estado y la sociedad civil

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(Last Updated On: 26 septiembre, 2016)

La sociedad política como elemento separador del Estado y la sociedad civil

Para los estudiosos de las ciencias políticas la sociedad política es entendida como una organización social heterogénea, conformada por diversos grupos étnicos previos, con el fin de mantener la propiedad del propio territorio y a mantener la eutaxia a través del enfrentamiento  de grupos y clases sociales. La organización de la sociedad política va siempre a cargo de una parte de ella misma que integra, a través del poder político, el resto de partes.

El concepto de Estado más aceptado hoy día es el del politólogo y sociólogo alemán, Maximilian Carl Emil Weber, que lo define como una organización respaldada por el denominado monopolio de la violencia legítima. Por eso está integrada por organismos poderosos: las fuerzas armadas, la policía y los tribunales, ya que él se encarga, entre otras cosas, de garantizar las funciones y obligaciones de gobierno, defensa, seguridad y justicia en un espacio específico.

La mayoría de los cientistas políticos definen la sociedad civil como el grupo de organizaciones diversas que mantienen su independencia del Estado, sosteniendo el concepto de que sociedad civil es todo lo que no es el Estado. De manera que todas las organizaciones sociales que pueden surgir alrededor de temas tan distintos como la economía, la cultura, las reivindicaciones sociales, la religión, el deporte, la producción, el conocimiento, vienen a ser parte de la sociedad civil. Debe quedar claro que las personas que ocupan el Estado para tomar decisiones tienen el poder político, y las que pertenecen a las diferentes organizaciones sociales tienen solo el poder de influir en la toma de esas decisiones.

La democracia se define más que por la separación de los poderes por la naturaleza de los vínculos entre sociedad civil, sociedad política y Estado. La democracia está ausente, cuando la influencia se ejerce de arriba hacia abajo. Una sociedad es llamada democrática cuando los actores sociales ordenan a sus representantes controlar al Estado. De manera que el nivel de las instituciones políticas no está aislado del de los actores sociales. Se contrapone a esta idea que en el nivel del Estado como en el del sistema político debe haber un elemento no político de autonomía respecto a la voluntad popular. En el nivel del Estado, es la independencia y la profesionalización de los funcionarios; en el nivel del sistema político, la ley y los mecanismos de control de la constitucionalidad y la legalidad de las decisiones tomadas.

Pero la democracia no es únicamente un conjunto de garantías institucionales, es también la lucha de los sujetos en su cultura y en su libertad contra la lógica dominadora de los sistemas. De acuerdo con Alain Touraine director del Centro de Análisis y de Intervención Sociológicas (CADIS) y director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en Paris, Francia, en América Latina, el triunfo de la democracia ha sido dudoso pues al parecer se ha reducido a la desaparición de las dictaduras militares. Touraine, A. (1994). ¿Qué es la democracia?

En este sentido, Touraine considera que los valores morales deben regir la organización social. De manera que, debemos buscar nuestro papel como creadores y de productores, no solamente de consumidores. La economía de mercado no garantiza por sí misma el desarrollo ni la democracia. El fin principal de la democracia es garantizar además de los derechos también las posibilidades. Es por esto que hace un estudio sobre el sujeto y su libertad, de cómo el individuo guiado por sus intereses y sus necesidades no siempre es estandarte de una cultura democrática, aun cuando sea más fácil para el prosperar en una sociedad democrática.

Conviene recordar que la limitación del poder político nació de la alianza de la idea de derecho natural y la de sociedad civil, que en un principio se concibió como la sociedad económica y sus actores reivindicaron libertad de emprendimiento, intercambio y expresión de sus ideas. Esta libertad burguesa, fue indispensable para que la idea de los derechos fundamentales dejara de ser solo crítica, como la resistencia a la opresión que defendieron Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau, entre otros. Pero también lo fue la defensa de los derechos fundamentales, dado que el espíritu de libre comercio se transformó en espíritu democrático.

Para Rousseau y Hobbes, el orden político es el orden de la razón, que se opone al orden natural, dominado por los deseos sin límites de cada individuo, o al orden social dominado por la desigualdad y la corrupción. La modernidad consiste, en hacer triunfar a la razón, es decir el orden, sobre el caos, la violencia, el egoísmo. Es convirtiéndose en ciudadano como el individuo accede a la civilización. Este pensamiento liberal clásico inventa el Estado nacional que nace en Inglaterra mucho antes de fortalecerse en la Francia de la Revolución, no inventó la democracia.

Es contra este racionalismo político, contra este modernismo del orden social, como se formó la idea democrática. La democracia se formó contra el Estado moderno e incluso contra el Estado de derecho, que estuvo por lo general al servicio de la monarquía absoluta y no al de los derechos del hombre. La idea democrática sufrió una transformación total, pues hoy busca proteger las libertades del individuo y de los grupos contra la omnipotencia del Estado.

La debilidad de la tradición democrática francesa, presente en España, en América Latina y en Italia, proviene de la lucha que debió librar contra un Estado unido a las fuerzas de mantenimiento del orden social, en primer lugar la Iglesia Católica. Por esto el predominio en Francia y otros países de los combates propiamente políticos e ideológicos sobre las reformas sociales. Lo anterior condujo a que el pensamiento francés confundiera república y democracia. Prefiriendo la alianza de la república y la revolución a la de la democracia y las reformas sociales.

En Francia los trabajadores recibieron muy precoz y de manera amplia derechos cívicos, pero de manera tardía y parcial derechos sociales. La oposición de estas dos corrientes de ideas y de estos dos tipos de sociedad política, una republicana y la otra demócrata, retomaban la oposición de Régis Debray, de que el espíritu republicano, al dar una importancia central a la transformación y la intervención del Estado, se opone al espíritu demócrata que atribuye el papel central a los actores sociales.

El pensamiento democrático impone no sólo una anterioridad de los actores sociales sobre el poder político sino la idea de que los hombres tienen derechos morales contra el Estado. No basta definir la democracia por el respeto a la voluntad general; la democracia necesita un principio de defensa contra la arbitrariedad del poder. Se llama libertad cuando insiste sobre la limitación del poder del Estado e igualdad cuando define más directamente la resistencia al reparto desigual de los recursos económicos y políticos.

La idea de democracia es contraria a la idea de revolución ya que ésta da todo el poder al Estado para transformar la sociedad. Para fundar la democracia es necesario, distinguir al Estado, la sociedad política y la sociedad civil. Si se confunden el Estado y la sociedad política, uno se ve llevado rápidamente a subordinar los múltiples intereses sociales a la acción de unificación del Estado. Inversamente, si se confunden la sociedad política y la sociedad civil, ya no se ve cómo puede crearse un orden político y jurídico que no sea la mera reproducción de los intereses económicos dominantes. (Touraine, 1994).

Tenemos entonces una confusión que puede hacer recaer completamente en el Estado la responsabilidad de asegurar la unidad en la gestión de la sociedad, donde ya no queda espacio para democracia. La unidad en la gestión corresponde a la sociedad política, definida por la autonomía de la misma y por su papel de mediadora entre el Estado y la sociedad civil. De manera que el enfrentamiento directo del Estado y la sociedad civil sin intermediarios, conduce a la victoria de uno de ambos, pero nunca al triunfo de la democracia.

La separación del Estado, el sistema político y la sociedad civil fuerza a definir el orden político como una mediación entre el Estado y la sociedad civil. Hans Kelsen habló de esto en La démocratie. Este papel mediador de la democracia prohíbe definirla por un principio central y obliga a entenderla como la combinación de diversos elementos que definen sus relaciones con el Estado y la sociedad civil.

En este punto es conveniente señalar que entendemos por Estado los poderes que crean y mantienen la unidad de la sociedad nacional de cara a las amenazas y los problemas exteriores o interiores, su pasado, su porvenir y su continuidad histórica. Es además de poder ejecutivo, la administración. El sistema político es diferente, su función es elaborar la unidad a partir de la diversidad, subordinando la unidad a las relaciones de fuerza que existen en el plano de la sociedad civil, aceptando el papel de los partidos políticos que se interponen entre los grupos de interés (las clases) y el Estado.

De acuerdo con (Touraine, 1994) la sociedad civil no se reduce a intereses económicos; es el dominio de los actores sociales que se orientan al mismo tiempo por valores culturales y por relaciones sociales a menudo conflictivas. Reconocer la autonomía de la sociedad civil, es la condición primera de la democracia, ya que es la separación de la sociedad civil y el Estado la que permite la creación de la sociedad política. De manera que la democracia afirma la autonomía del sistema político pero también su capacidad de establecer relaciones con los otros dos niveles de la vida pública, de manera que al final sea la sociedad civil la que legitime al Estado.

Por @AlfredoDLaCruz